Una historia de paciencia
Las lentejas llegaron al Mediterráneo hace más de ocho mil años. En España, son el plato más constante de su mesa.
De Oriente a Castilla
La Lens culinaris es una de las primeras plantas domesticadas por el ser humano: hay restos en yacimientos neolíticos del Creciente Fértil con más de 8.000 años. Fenicios y romanos extendieron su cultivo por todo el Mediterráneo, y en la Hispania romana ya se documenta como alimento básico de soldados y campesinos.
La cocina monástica medieval —cisterciense sobre todo— fijó la fórmula del guiso largo con verduras y aceite que reconocemos hoy. Tras la llegada del pimentón desde América en el siglo XVI, el plato adquirió su perfume ahumado característico, asociado para siempre a los conventos de la comarca de la Vera, en Extremadura.
El plato del lunes
En el siglo XX, las lentejas se convirtieron en sinónimo del «menú del lunes»: barato, abundante y revitalizante después del fin de semana. La expresión «lentejas, si quieres las comes y si no las dejas» nació en este contexto familiar.
Hoy, con el redescubrimiento de la dieta mediterránea —reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial en 2010— el plato vuelve a las cartas de restaurantes que reivindican la cocina de cuchara como gastronomía mayor.
«La lenteja es la carne del pobre y el lujo del que sabe.» — Dicho extremeño
Variantes regionales
Lentejas de la Armuña (Salamanca)
Con denominación de origen propia, grano grande y piel finísima. Se cocinan con muy poco sofrito para no esconder su sabor.
Lentejas a la riojana
Más caldosas, con chorizo y morcilla, y un toque de pimiento choricero rehidratado.
Lentejas viudas
Sin embutido ni carne. La versión cuaresmal, hoy reivindicada por la cocina vegetal.
Lentejas con arroz
Andalucía y Levante. Se añade un puñado de arroz en los últimos 18 minutos: tradición sefardí superviviente.